Carlos Rosenkrantz les pidió a los abogados que controlen en el Consejo de la Magistratura que no se altere el orden de mérito en los concursos para jueces


Casi sin levantar la vista del texto en el que había anotado su discurso, el ministro de la Corte Suprema de Justicia Carlos Rosenkrantz sacudió este jueves a los concurrentes al seminario “Diálogos para la Argentina”, que el Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires realzó en la sede dela Bolsa de Comercio. “Quiero ver cómo ustedes los abogados pueden contribuir a que nosotros los jueces, y con ello el poder judicial, seamos mejores”, los provocó Rosenkrantz. El ministro enumeró las condiciones que debe reunir -y mejorar constantemente- un buen juez: justificar el modo en el que decide, y ser independiente de todos los poderes e injerencias externas pero también respecto de las propias convicciones morales y políticas.
Rosenkrantz subrayó que la calidad del servicio de justicia depende de un modo muy importante del desempeño de los abogados: “es más improbable que haya muy buenos jueces sin muy buenos abogados, no solamente porque todos los jueces han sido educados como abogados sino también porque los abogados, cuando desempeñan su trabajo con suficiente calidad, ayudan a los jueces a juzgar menor.”
Y entonces advirtió sobre la otra función de los abogados, que inciden en la designación de los jueces. “Lamentablemente, déjenme decirles que, a pesar de tratarse de un asunto de la máxima importancia, parece no importarles mucho. El 20 de octubre, hace once días en la elección de abogados para integrar el Consejo de la Magistratura, votó solo el 18,5% del padrón.”
Para Rosenkrantz, un juez tiene que justificar el modo en el que decide. Por eso tiene que ser independiente, aunque “la independencia es la virtud que más se invoca y la que peor se entiende. La independencia que más cuesta a los jueces no es la independencia del poder económico o político, que es obviamente necesaria pero que todos los jueces sabemos cómo resistir y también muchas veces el precio que hay que pagar por hacerlo. La independencia más difícil es la independencia respecto de las propias convicciones morales y políticas. Los jueces no somos designados para hacerle decir al derecho lo que nos gustaría que dijera, sino para hacer lo que el derecho dice que hagamos. Eso exige un ejercicio psicológico difícil.”
“Lo que un juez debe hacer es identificar qué requiere el derecho de su comunidad después de una reflexión seria y profunda sustentada en los mejores argumentos disponibles. Les pido que presten atención a la condición final: los mejores argumentos disponibles. El juez no los debe producir. Se los deben proveer ustedes, los abogados.”
Para el integrante de la Corte, el abogado que pierde un caso habiendo puesto sobre la mesa el mejor argumento disponible “contribuyó más al servicio de justicia que el que lo gana sin haberlo puesto”.
“Los jueces argentinos somos designados casi para toda la vida”, advirtió Rosenkrantz. Y preparó su conclusión sobre una serie de cuentas: un juez designado a los cuarenta y cinco años puede decidir durante treinta años. Para que se vea qué significa eso en decisiones concretas: los tribunales nacionales dictan alrededor de doscientas mil sentencias por año, lo que da un promedio aproximado de doscientas veinte sentencias anuales por juez.Treinta años a ese ritmo son más de seis mil decisiones. No quiero aturdirlos con números, pero consideren esto: los consejeros que ustedes eligieron el 20 de octubre tienen mandato hasta 2030, cuatro años; durante esos cuatro años van a intervenir en la designación de jueces que decidirán durante treinta y dictarán más de seis mil decisiones cada uno.
Por eso, “mejorar el promedio no es lo mismo que mejorar el conjunto. Si se designan tres jueces excelentes y uno malo, el promedio sube pero la columna sigue marchando al paso del último. El litigante cuyo expediente cayó en manos del peor juez no recibe un servicio promedio: recibe a ese juez. Para expresar esa verdad de un modo más patente, podemos decir que la calidad del poder judicial depende de la calidad de su peor juez.”
El Consejo de la Magistratura tiene hoy veinte miembros: el presidente de la Corte, cuatro jueces elegidos por sus pares, ocho legisladores, un representante del Poder Ejecutivo, dos académicos y cuatro abogados de la matrícula federal. “Eso significa que ningún estamento alcanza por sí solo para decidir nada, y que el estamento de la abogacía, con cuatro bancas, es el segundo bloque del cuerpo y una pieza necesaria de casi cualquier mayoría. Es una representación decisiva”, dijo Rosenkrantz.
En la última elección, la participación de los abogados fue del 18,5%: más de ocho de cada diez abogados de este país no fueron a votar. “La profesión legal argentina dejó que una fracción mínima de los abogados en condiciones de votar decidieran la mitad de su representación en el órgano que selecciona a los jueces que van a juzgar durante, quizá, los próximos treinta años. Y lo hizo, mayoritariamente, por omisión.”
“El estamento de la abogacía está en el Consejo por una razón precisa. Los legisladores no ven trabajar a los jueces. Los académicos leen sus sentencias, que es otra cosa. Los jueces vemos a nuestros pares, pero los vemos desde adentro. Ustedes son los únicos que ven a los jueces trabajar todos los días y desde el otro lado del estrado. Saben cuál llega preparado a la audiencia y cuál no; cuál leyó el expediente; cuál resuelve en plazo; cuál escucha; cuál trata con dignidad a la gente. Eso es información valiosa y no está en ningún legajo”, explicó el vicepresidente de la Corte ante un auditorio que lo escuchaba en silencio.
“Desde la Corte, junto con el doctor Lorenzetti, hemos intentado contribuir a que el Consejo funcione mejor. Presentamos un proyecto que todavía está siendo considerado. Apunta de modo general a reducir la discrecionalidad y lo hace de diversas maneras. Pero la más importante quizás sea la que tiene que ver con las entrevistas. El sistema actual de entrevistas permite alterar el orden de mérito con consideraciones que no son de mérito, y sin exigir justificación”, insistió Rosenkrantz para impulsar la reforma reglamento para designar jueces. Pero admitió que “no es fácil revertir esa situación. Reducir la discrecionalidad cuando la reducción depende de quienes la disfrutan es muy difícil.”
“Hay cosas concretas que podemos hacer individualmente. Les pido tres. La primera es que la próxima vez vayan a votar. La segunda es que antes de votar le pregunten a cada lista qué se propone hacer en los concursos. La tercera es que, si no se modifica el Reglamento de acuerdo con la propuesta que presentó la Corte, exijan a sus consejeros que expliquen sus decisiones cada vez que hayan alterado un orden de mérito.”
Fuente: www.clarin.com



